El Gobierno pidió a las eléctricas y la gran industria que actuasen sobre Feijóo para evitar el perjuicio económico de tumbar el decreto

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En medio de un complejo escenario legislativo, el Gobierno central recurrió a representantes de las principales compañías eléctricas y de sectores industriales estratégicos para intentar asegurar la aprobación de un decreto que considera fundamental para la estabilidad económica del país. La medida, que se encuentra en la antesala de una votación parlamentaria clave, ha generado tensiones políticas y empresariales debido a sus implicaciones en áreas como la energía, el transporte y las ayudas sociales.

Según fuentes vinculadas al proceso, el Ejecutivo solicitó a directivos de grandes empresas que ejercieran presión sobre algunos líderes de la oposición, particularmente sobre el principal partido de centro-derecha, con el objetivo de disuadirlos de bloquear el decreto. La preocupación radicaba en que un eventual rechazo del paquete normativo provocara efectos adversos inmediatos en el mercado energético, en los compromisos medioambientales asumidos por el país, y en la percepción de estabilidad política ante los inversores.

El contenido del decreto incluye la prórroga de medidas vinculadas al escudo social establecido durante los momentos más críticos de la pandemia, así como ajustes en tarifas eléctricas y subvenciones al transporte público. Asimismo, contempla disposiciones relacionadas con la planificación de infraestructuras y políticas industriales de mediano plazo. La aprobación del texto se considera crucial para sostener la hoja de ruta económica del Ejecutivo durante los próximos meses, especialmente en un contexto de incertidumbre internacional.

Varias de las principales compañías eléctricas y actores destacados de las industrias siderúrgica, química y automotriz estarían entre las firmas contactadas. Se buscaba crear una unidad de presión común desde el sector empresarial, destacando los costos que un bloqueo institucional a las políticas vigentes podría conllevar, especialmente en lo que se refiere al sector energético, que está en proceso de adoptar modelos más sostenibles.

Desde la oposición, algunas personas vieron este paso como una acción inadecuada del Ejecutivo, argumentando que tratar de incluir a empresas en decisiones legislativas podría perjudicar el balance institucional y comprometer la autonomía del Legislativo. A pesar de esto, también surgieron opiniones más moderadas que no descartaban una posible abstención o un apoyo parcial al decreto si se realizaban algunos cambios en la forma o en el contenido.

Al mismo tiempo, algunos sectores empresariales manifestaron inquietud respecto a la dirección del debate en el parlamento, advirtiendo que una posible desaprobación del decreto introduciría un elemento de inestabilidad que podría impactar en la inversión y detener proyectos ya en marcha. También se destacó que las disposiciones incluidas en el marco legal favorecían directamente a la competitividad nacional, al proporcionar mayor previsibilidad en los costos de energía y ofrecer transporte subvencionado para los empleados.

El Gobierno, mientras tanto, no ha confirmado oficialmente los contactos, aunque ha sostenido que mantiene una comunicación continua con todos los sectores productivos para asegurar que las políticas públicas se alineen con las necesidades reales del país. Asimismo, ha subrayado que el decreto no debe ser visto como una herramienta partidista, sino como un mecanismo para continuar con medidas previamente acordadas y apoyadas por una gran parte del entramado social y económico.

La votación del decreto se perfila como una prueba de fuerza en el Parlamento. La fragmentación de la cámara obliga al Gobierno a negociar con múltiples bloques, en un contexto en el que los apoyos no están asegurados y cada voto cuenta. Mientras tanto, las negociaciones continúan en los pasillos políticos y en los despachos de las grandes compañías, donde el futuro del decreto se juega tanto en clave institucional como empresarial.

Por Carlos Jesús Chirinos

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